lunes, 13 de mayo de 2013

San Domingos de Bonaval y Museo do Pobo Galego



 La fundación del antiguo convento de Bonaval se atribuye a San Domingos de Guzmán, que en el año 1219 peregrinó a Santiago. Está situado fuera de muros, en la falda del monte de la Almáciga y cerca de la Puerta del Camino, por la que entran hacia la basílica del Apóstol los peregrinos que vienen por el Camino francés.



El cuerpo conventual, tal y como ha llegado hasta nosotros, corresponde al episcopado de fray Antonio de Monroi, arzobispo de Santiago entre 1685 y 1715, y se debe a Domingo Antonio de Andrade , natural de la villa de Cee.   La fachada es de pequeñas proporciones. La atención se concentra en la portada, compuesta por dos grandes pilastras toscanas decoradas con las sartas de frutas características del autor, que soportan un frontón curvo partido y enmarcan la gran puerta adintelada, presidida por la imagen del Santo fundador. Por encima campa el escudo de la casa de Altamira con Corona Real.
Dentro del edificio, en el ángulo noroeste, es digna de admiración la triple escalera helicoidal, que por su técnica y audacia estructural da buena muestra del virtuosismo de Andrade. En el mismo hueco se desenvuelven tres rampas independientes, que conducen a los diferentes pisos sólo una de las coronas en el mirador que domina la ciudad. Esta escalera está considerada por propios y extraños como un de los elementos singulares del patrimonio arquitectónico de Compostela.



Cuando se promulga la ley de exclaustración de las órdenes religiosas el convento pasa a manos del Ayuntamiento. Por el Real Decreto de 1836 de la Reina Gobernadora, que dispone que "los edificios que han sido monasterios y conventos en esta Corte se destinen desde luego al beneficio de los pueblos", San Domingos es destinado "para cuarteles de los Regimientos de Compostela y Santiago, con demolición de la iglesia"; ende ben, este dictame no se llegó a ejecutar. En 1841 el Ayuntamiento destina el convento de Bonaval a hospicio, que por 1945 ocupaba aún la parte norte; el ala sur, a la derecha de la iglesia, acogía un colegio de sordomudos y ciegos. Al ser suprimidas estas instituciones quedó por un tiempo desocupado, hasta que en 1963 el Ayuntamiento decide acondicionar y destinar una parte de las dependencias para Museo Municipal.

En 1977, a petición del Patronato del Museo do Pobo Galego, el Ayuntamiento cede el edificio para la creación del museo de mismo nombre. En el solar de la parte occidental, que ha permanecido vacante durante décadas, se inauguró en 1993 el Centro Galego de Arte Contemporánea, proyectado por el arquitecto portugués Álvaro Siza Vieira. La huerta conventual se transformó al año siguiente en un ameno parque, en el que aún se alzan las ruínas de algunas dependencias de los frailes.

LA IGLESIA DE SAN DOMINGOS
El cuerpo central del templo, de los siglos XIII y XIV, es el único ejemplo que se conserva en Compostela del gótico mendicante. El templo original fue modificado a lo largo de los siglos posteriores con numerosas obras y añadidos.

La planta es de tres naves y crucero. Forman la cabecera tres ábsides poligonales, atravesada la central por cinco estrechas ventanas, y cubiertas con bóvedas de abanico. Los brazos del crucero, el presbiterio y las dos pequeñas capillas laterales tienen bóvedas de crucería. Las falsas bóvedas de arista de la nave central reposan mediante arcos de medio punto sobre altos pilares con sencillos capiteles de tradición románica.

La capilla mayor, a la que da acceso un arco apuntado con decoración vegetal, está rodeada por un zócalo de arcatura trilobulada y alberga cuatro sepulcros del siglo XV, que corresponden a varios miembros de la poderosa casa de Altamira.

La capilla absidal del lado del evangelio está dedicada a San Vicente Ferrer; preside S. Domingos, desde un púlpito, el retablo del XVIII. La imagen de S. Vicente fue "desaparecida". La del lado de la epístola lleva la advocación de Santo Tomás de Aquino, y en ella se encuentra la imagen gótica de la Virgen de Bonaval. Le sigue la capilla de San Pedro Mártir y, a continuación, la de San Jacinto, construida según el proyecto de Gaspar de Arce, de quien aparece el nombre en la clave de la bóveda junto a la fecha de 1617; es de planta cuadrada, cubierta con una cúpula de media naranja rebajada con rica ornamentación de casetones y motivos heráldicos. Frente a esta, la capilla de San Domingos en Suriano, edificada en 1657 sobre la primitiva del Rosario, conserva un retablo del XVIII. La actual capilla de Nuestra Señora del Rosario, pertenciente a la cofradía de este nombre, se inició en 1635 por Bartolomé Fernández Lechuga y terminada diez años más tarde por Jácome Fernández, en el solar del antiguo claustro y cementerio.

La fachada de la iglesia, sobria, con frontón triangular partido sobre el que campa el escudo de Altamira timbrado por sombrero episcopal, se abre a través de una gran reja barroca que da acceso al atrio y a la escalera que sube al templo en la portada, tres imágenes góticas: la Virgen con el Niño Jesús flanqueada por San Pedro y Santa Catalina.

En el ángulo izquierdo de la iglesia se alza la torre, de tres cuerpos, los dos primeros cúbicos, con las cornisas rematadas por sus respectivas balaustrada, y el último octogonal coronado por una cúpula, también octogonal, que remata un pináculo con bola y veleta.
La iglesia de Bonaval acoge el Panteón de Galegos Ilustres.

MUSEO DO POBO GALEGO: 
Recomendamos la visita virtual en : http://www.museodopobo.es  , pero mucho más , es recomendable la visita física para poder descubrir las maravillas de la antigua tradicion gallega en cuanto a los oficios artesanales, el trabajo de la tierra y el mar, trajes típicos, cestería , orfebreria , platería y trabajo del azabache o incluso el marfil, la música , etc....

EXPOSICIÓN PERMANENTE

El Museo cuenta con salas permanentes dedicadas al mar, a los oficios, al campo, al traje, a la música, al hábitat y la arquitectura, a la sociedad, a los oficios urbanos y a la prensa y la imprenta. Dispone también de secciones de arqueología y de arte.


El criterio seguido en su montaje pretende conjugar en una visión de síntesis las distintas facetas que definen la cultura de Galicia. Lejos de encerrar en el ámbito físico del museo todo el complejo fenómeno cultural, se intenta proporcionar un compendio de la diversidad de Galicia, que sirva como referencia para la valoración de las distintas manifestaciones dentro del conjunto y para impulsar el interés por el conocimiento directo e la búsqueda de alternativas de futuro para la tradición.

Galicia posee una antigua y honda tradición marinera, reflectida en multitud de manifestaciones materiales y espirituales.

El antiguo refectorio del convento de San Domingos acoge la Sala del Mar, que reúne una muestra representativa de las embarcaciones más peculiares de Galicia.

La exposición se complementa con otras piezas, diseños y maquetas. Así, se puede seguir el proceso de construcción de un pesquero, ver los útiles y modelos del carpintero de Ribeira, conocer como eran los primitivos motores, como trabajan las distintas artes y que especies capturan.


La sala del campo se abre con un diorama que muestra idealmente la evolución del paisaje en cuatro fases: el Neolítico, la época castreja, la Edad Media y la actualidad, con las sucesivas fases de implantación en el territorio, deforestación, consolidación de los asentamientos humanos e incipiente urbanización, con el consiguiente impacto en el medio.

Aparecen a continuación los sistemas de transporte -manual, a la espalda, con caballería-, con el carro como elemento central.

Siguen los aperos de labranza correspondientes a las distintas labores: los utilizados para el cultivo de los cereales y la hierba; los arados de madera y de hierro; los aperos para el cultivo del maíz; piezas y maquetas relativas a la viticultura, variados tipos de azadas y hoces utilizadas en las distintas zonas.

Se exhiben también las pesas y medidas tradicionales para áridos, líquidos, sólidos y de longitud y, finalmente, los elementos relacionados con la gandería y la explotación del monte.
En la economía de las comunidades tradicionales los oficios han desempeñado un papel fundamental. Los diferentes especialistas eran los encargados de fornecer a la comunidad los útiles y objectos necesarios para el trabajo y la vida doméstica.

El Museo presenta una amplia variedad. Encontramos así oficios que trabajan con los metales, con la madera, con barro, los que transforman las fibras vegetales y otros varios.


El traje tradicional se puede dividir en dos grandes grupos: de diario o faena y de guardar o gala, mucho más complicado y rico este que el primero, tanto por la calidad de los tejidos como por la variedad de las piezas y riqueza de los adornos y complementos.

Dependiendo de la ocasión, la zona y las posibilidades, la mujer viste camisa, enaguas, refajo, falda o vasquiña, pañuelo, mandil, justillo y dengue o chaquetilla, pañuelo del busto, mantón o pañuelo de ocho puntas, y cubre la cabeza con pañuelo, cofia ou mantón. El hombre lleva camisa, cirolas, calzón, chaleco, chaqueta, faja, y se toca con sombrero, montera o teja. El calzado es, en ambos casos, zuecos o zuecas para los días a diario y zapatos con el traje de gala.

En Galicia se hacen finísimas labores de encaje de palillos, conocido como de Camariñas por ser la zona donde se concentra maioritariamente la comercialización da producción, estendida por el litoral coruñés entre Noia y Malpica.

Las palilleras suelen ser mujeres e hijas de pescadores, que aportan con esta tarea un complemento a la economía familiar. Sus útiles son la almohada y los palillos. Sobre la primera se fija o cartón con el diseño, que se pica con los alfileres a los que se agarran los hilos envueltos en los palillos; el juego de estos requiere gran atención e habilidad.


La música se manifiesta en todas las facetas de la existencia: de las canciones de cuna a las danzas y cantos de fiesta y las toadas que acompañan el trabajo del mar y de la tierra, la música marca el ritmo de la vida cotidiana.

Los instrumentos tradicionales más comunes son la gaita, la zanfona, el triángulo, la pandereta, las castañolas, el tamboril. Menos usuales o estendidas son la requinta, a chirimía, la trompa o berimbao. Otros, como el violín y el acordeón, son de incorporación más reciente. Por lo demás, se utilizan múltiples artefactos capaces de producir sonidos y marcar el ritmo: pitos, cuernos, bocinas, conchas, palos, llaves, sartenes, botellas, chocolateras...

Los bailes más populares son la muiñeira e sus variantes, la pandereteda y otras incorporadas, como la jota y el fandango. Las bandas de música contribuyeron a popularizar melodías ya anosadas en el acervo musical, como el pasacalles y el pasodoble.

En un sentido amplio, se considera arquitectura toda intervención sobre el territorio para adaptarlo a las condiciones de la vida humana, desde el trazado de caminos y el arado de tierras de cultivo hasta las edificaciones propiamente dichas.

La piedra local es el material básico, y las diversas soluciones constructivas obedecen a las características cambiantes del medio. La casa del litoral comprende desde las viviendas más humildes de las aldeas de pescadores hasta las sólidas edificaciones de los puertos, en buena cantería, y muchas veces con soportales; la del interior presenta desde el tipo propio de las sierras, adaptado a condiciones meteorológicas extremas, hasta la casa de las comarcas agrícolas, más amplia y confortable.

Al lado de la vivienda se encuentran otras construciones auxiliares, con unas características determinadas por su función: hórreos y cobertizos para el almacenamiento de productos y aperos agrícolas, cuadras, palomares, colmeneros para los animales; eras, molinos, hornos, bodegas, talleres de oficios, destinados a la elaboración y transformación de los productos; ferias temporales o permanentes donde se practica el intercambio; fuentes, pozos, lavaderos y otros sistemas de aprovechamiento de los recursos naturales.