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viernes, 16 de agosto de 2013

San Roque protector de peregrinos



El día 16 de Agosto se celebra la festividad de San Roque ( San Roque de Montpelier ),   en Santiago de Compostela






Santo  protector ante la terrible enfermedad de  la peste y toda clase de epidemias y además protector de peregrinos, enfermeros, cirujanos y perros...



Tradicionalmente, los habitantes de muchos pueblos de toda la geografía española  rezaban y pedían al Santo su intervención ante esta enfermedad .

En la imaginería tradicional , aparece representado siempre con heridas en la pierna izquierda , en compañía de un perro , o de un ángel, 

En Santiago de Compostela, el día 16 de Agosto y en la capilla de San Roque se celebra una misa solemne en honor a este Santo,  en la que participan los representantes políticos de la Ciudad

Esta tradición viene desde el año  1517, cuando varias pestes asolaron la ciudad, motivo por el que el Cabildo de la Catedral  y los regidores de Compostela  decidieron levantar a la entrada de la ciudad, en la parte Norte,  una capilla dedicada a San Roque para que intercediera y evitara la llegada de la  epidemia.



La capilla de San Roque, cuyo acuerdo de construcción se remonta a 1520, fue dedicada al santo mencionado como un gesto de agradecimiento ya que, según la tradición, libró de la peste a Santiago de Compostela. 
El templo sufrió varias restauraciones, por lo que queda muy poco de su obra primitiva. 
Destaca en su interior el Retablo diseñado por el famoso arquitecto gallego Simón Rodríguez cuya realización llevó a cabo alrededor del año 1742. Es una impresionante obra del barroco compostelano que destaca por su profundidad, que alcanza los cuatro metros. 

Simón Rodríguez (1679 – 1752),  es uno de los grandes artífices del Barroco gallego. A él se debe la introducción de la decoración a base de placas pétreas, discos y recortes, que provocan efectos luminosos. 
Destaca su labor en la ciudad de Santiago de Compostela, sobre todo en la fachada del Convento de Santa Clara.
Es muy personal la concepción de sus retablos que, como
señala Folgar de la Calle, se convierten en sus manos en escenarios en los que obliga al espectador a penetrar en su profundidad para abarcarlos íntegramente.