miércoles, 4 de marzo de 2015

MUSEO DE LA COLEXIATA DE SAR

El Museo de Arte Sacro de la Colegiata de Santa María la Real de Sar, la joya románica de Santiago de Compostela,  que se encontraba cerrado desde Marzo del año 2015 acaba de reabrir sus puertas gracias al prograna Compostela Sacra

La Fundación Catedral de Santiago ha hecho el esfuerzo económico para poder ereabrir este pequeño pero interesantísmo museo.

Se espera que a medio plazo se puedan realizar trabajos de rehabilitación más amplios en el edificio

Así pues: desde el  30 de julio del 2016 vuelven a estar abiertas las puertas de la Colegiara a los visitantes

Horario : de 11:00  a 14:00 h y de 16.30 a 19.30 h. 
Entrada : 2 €





Fundado en 1975, el Museo de Arte Sacro de Santa María la Real de Sar se encuentra en la construcción monacal adjunta a la Colegiata. 
En él se guardan valiosas piezas históricas y documentales referentes a la historia de la Colegiata, como el pergamino fundacional de 1136, firmado por Don Diego Gelmírez -primer arzobispo compostelano-; piezas arqueológicas del antiguo claustro románico, obra del Maestro Mateo y sus continuadores; objetos litúrgicos y piezas de orfebrería provenientes del priorato de Sar, que datan del siglo XVIII; etc.

La visita al Museo estaba diseñada en un recorrido que se articula en cinco salas, en las que el visitante podía observar un amplio repertorio de piezas que, con una ordenada línea argumental, confiere un carácter didáctico y aleccionador sobre la historia de esta comunidad agustina desde su fundación como priorato, pasando por su transformación en colegiata y definitivamente en parroquia de la archidiócesis de Santiago.

SALA 1
La visita al museo comienza en esta sala, donde puede contemplarse una pieza del antiguo claustro románico. Se trata de un pilar con columnillas adosadas del siglo XIII que comparte espacio con una escultura en piedra policromada de San Agustín (ca. 1500), relacionada, obviamente, con la regla de esta comunidad y que formaba parte de los cinco altares originales.

SALA 2
Está dedicada a los orígenes del priorato de Sar, finalidad para la que cobra un significado especial el diploma fundacional de 1136, que expresa el consentimiento del arzobispo Gelmírez para la construcción de la iglesia románica y las dependencias monásticas, a propuesta de Munio Alfonso. Son a su vez, diversos los documentos exhibidos en esta sala en relación a las sucesivas donaciones y exenciones recibidas por la comunidad agustina, aportaciones que fueron claves para su fortalecimiento económico. Entre estos destaca principalmente el privilegio del rey Enrique IV (1471) que confirma la exención del tributo real el yantar del rey al priorato de Santa Maria de Sar, al igual que hicieran sus antecesores Enrique III y Juan II.

Entre las causas que contribuyeron al progresivo engrandecimiento de Sar figuran, a su vez, las sucesivas anexiones de algunos cenobios rurales de las que también se hace eco la colección de este apartado, gracias a la conservación de diferentes manuscritos de la época.

Este conjunto de fuentes documentales se combina en este espacio de algunos elementos arquitectónicos pertenecientes al claustro del siglo XIII, desaparecido en su mayor parte. Así, una cuidada selección de capiteles, cimacios (pieza colocada entre el capitel y el arranque de los arcos) y basas ayuda a reconstruir imaginariamente el aspecto estético de esta interesante parte del edificio medieval.

SALA 3
La presencia de los agustinos a lo largo del Camino de Santiago y su dedicación hospitalaria se evocan en esta sala con una imagen en madera policromada de San Roque de Montpellier (siglo XVIII), santo con gran devoción en Galicia, muy vinculado a la iconografía jacobea (se representa como un peregrino) y a la tradición de las peregrinaciones a Compostela. Esta pieza barroca sirve, además, como contrapunto estético en una sala en lo que prima lo medieval.

Reúne un magnífico repertorio de piezas que corresponden a la vida parroquial de la comunidad entre los siglos XVII y XIX, coincidiendo con el declive del priorato y su constitución posterior como colegiata y finalmente como parroquia de Santiago.

La colección de orfebrería y ornamentos litúrgicos de época barroca y neoclásica que se muestra en este espacio sirve para explicar el protagonismo de la iglesia como principal promotor del renacer artístico del barroco gallego, bien a través de los cabildos catedralicios, las comunidades monásticas o del propio pueblo -por medio, fundamentalmente, de las cofradías- .

Durante este período (1650-1750) se incrementa la organización de actos religiosos, lo que propicia la realización de un sin fin de obras relacionadas con las celebraciones litúrgicas. Como consecuencia de esta fecunda actividad surge una gran diversidad de piezas de variada tipología sacra. Algunas de ellas, para uso ceremonial tales como cálices, patenas, copones, vinagreras, etc.;otras, para realzar las ceremonias como los ostensorios, arquetas eucarísticas o incensarios, entre otros.

Además durante el siglo XVIII se experimenta un considerable aumento de piezas de carácter procesional relacionadas con los actos conmemorativos organizados por gremios y cofradías para honrar a sus patronos. Entre ellas se encuentran las cruces procesionales o las placas de mayordomía (emblemas que representan a las distintas cofradías de cada parroquia).

Los cálices, por ser elemento clave en la liturgia católica, conforman el grupo más nutrido. El museo exhibe en esta sala cinco cálices barrocos, entre los que destacan el regalado a la colegiata por el arzobispo Yermo y Santibáñez en el año 1731, una pieza de la escuela toledana (mediados del siglo XVIII), así como el llevado a cabo en 1799 por el prestigioso orfebre compostelano José de Novoa. De este mismo autor podemos contemplar un magnifico ostensorio de 1801, en plata sobredorada, que junto al relicario de San Pedro, realizado por una escuela de plateros cordobesa, ponen el acento neoclásico de la sala.

Las procesiones se convirtieron, también, durante el barroco en un acto conmemorativo muy habitual. Debido a esto, la cruz procesional de cada parroquia es, con los cálices, otra de las piezas más frecuentes de la orfebrería barroca y la joya más importante del tesoro de la feligresía. La cruz procesional de Sar fue realizada en 1758 por uno de los plateros compostelanos más importantes del momento, Francisco Turreira. Esta esplendida pieza destaca fundamentalmente por su riqueza ornamental y su juego cromático, un extraordinario trabajo que tiende estilísticamente a las formas y el espíritu del arte rococó.

Las placas de mayordomía son otro de los símbolos de mayor utilización en las celebraciones procesionales que cuentan con una presencia significativa dentro de esta colección. Entre las cinco placas que exhibe la muestra destaca la perteneciente a la cofradía del Santísimo de la colegiata de Sar realizada en plata sobredorada en el siglo XVIII.


Como complemento de estos objetos de orfebrería sacra se exhibe una exquisita selección indumentaria litúrgica, situada en el centro de la estancia y enmarcada en una vitrina con visibilidad prácticamente integral, lo que permite observar con detalle su impecable confección. Las capas pluviales, casullas, dalmáticas así como un paño de hombros -todos del siglo XVIII- están realizados sobre telas de raso de seda bordadas con hilos de oro y plata.


Cerrando este espacio junto a su salida podemos admirar nuevamente una capa pluvial del siglo XVIII de similares características a las anteriores y que completa la colección de vestimentas litúrgicas. De igual modo, despiden esta sección dos crucifijos en madera policromada realizados por José Ferreiro en el siglo XVIII.

SALAS 4 Y 5
La historia de Sar deja paso, en estas salas, a la más absoluta actualidad de la parroquia.

Este apartado, reconocido con el nombre de Sar hoy, está dedicado a la Agrupación Folclórica Colexiata de Sar.

En él se muestran algunos de los trajes tradicionales pertenecientes a esta agrupación, así como diferentes premios obtenidos por la misma. Además, este espacio quiere rendir homenaje a las diferentes labores de carácter socio-cultural llevadas a cabo en las últimas décadas por la comunidad vecinal, una de las más solidarias y participativas de la ciudad.